El habitante 7.000 millones

Según Naciones Unidas, ayer nació el habitante 7000 millones. En realidad, nadie sabe si fue ayer, pero queda bien poner día y cara a ese distinguido habitante.

¡7000 millones! ¿Es eso mucho? Según The Economist, nos llevó 250.000 años llegar a los 1000 millones, y fue más o menos en 1800. En 1960 ya éramos 3.000 millones, y en 2060 seremos 9.615 millones. ¿En 2100? 10.124 millones.  Ya se ve que en la historia moderna hemos vivido una gran aceleración de la población, pero esta ha sido  rápidamente mitigada por el descenso en las tasas de natalidad.

2600 millones de habitantes más en 50 años. ¿Qué significa esto para los mercados?

En primer lugar, muchos más clientes. Y la mayoría de ellos, en países que gozan hoy de un gran crecimiento económico (China, India y muchos países de América Latina y África). Países que están, por fin, consiguiendo destruir pobreza y crear muchos, muchísimos ricos. Ricos que van a manejar gran parte de las empresas, de la innovación y de las decisiones importantes del futuro.

Este crecimiento demográfico, unido al crecimiento del PIB de estos países, lleva a una presión en el precio de los commodities. Hoy, por ejemplo, el precio del maíz está en máximos históricos. ¿Fue twitter el principal causante de la primavera árabe o más bien un aumento de la inflación en la alimentación básica?

¿Por cuánto tiempo seguirán tan altos? Quizá por mucho, ya que al parecer la demanda de biocombustible, el bajo crecimiento de la superficie cultivable y el cambio climático hacen que la oferta no crezca tan rápido como la demanda. Claro que en el pasado, la productividad agraria ha batido las expectativas de los más optimistas.

Con commodities por las nubes o no, sí parece claro que la vieja Europa se empobrece y que el epicentro de la demanda y de la oferta se traslada a otros lugares. Quizá para siempre.

Foto: By EveryKingdom

Reinventando el capitalismo

Banksy

En mi último post comentaba alguno de los mensajes de Howard Schultz en su reciente ponencia en IESE. Hoy quería sacar uno de los temas sobre los que hizo más hincapié: la relación entre empleado, empresa y sociedad.

A mi pregunta sobre qué era más importante, la estrategia o la ejecución, Schultz empezó diciendo que la estrategia era vital, pero que ésta debía caber en un pedazo de papel. Sin embargo, añadió que el éxito de Starbucks se debía principalmente a su gente. Y es que, sin una buena ejecución, la estrategia se convierte en papel mojado. Cada uno de los empleados debe tener claro lo que se espera de él y debe estar comprometido con esa misión.

Pero, ¿cómo conseguir que el empleado se comprometa? Schultz, que se crió en una familia muy humilde en NY, y cuyo padre nunca se sintió respetado por las compañías para las que trabajó, añadió: “Creo, muy fuertemente, que el éxito en las empresas debería ser compartido. Esto no es la filosofía de mucha gente y he sido criticado por esta frase benevolente. También creo que hacer el beneficio nuestro único fin es un objetivo muy superficial y no perdurable para las personas de la organización.”

En un post que el propio Schultz publicaba ayer, escribía que “no es suficiente servir a los clientes, empleados y accionistas. Como ciudadanos del mundo, es nuestra responsabilidad -nuestro deber- servir a las comunidades en las que hacemos negocios ayudando, por ejemplo, a mejorar la calidad de la educación, el empleo, la salud, la seguridad…”

Hoy la sociedad civil critica más que nunca el liderazgo político y empresarial. Ha despertado de su letargo. En mi opinión, las empresas deben hacer su propio examen de conciencia. Y coincido con Schultz en que deben implicarse más aun con la situación actual. La pregunta es ¿cómo?

¿Qué se puede hacer para cambiar la cultura que ve el beneficio como único fin? ¿Qué hacer para convencer a empresarios y directivos a implicarse aún más con la solución a la “cronificación” del desempleo? En definitiva, ¿cómo reinventar el capitalismo, haciéndolo más humano?

Foto By Ben Heine

Papá, quiero ser empresario

El ultimo número de The Economist tiene un interesante monográfico sobre el paro (“The quest for jobs”). De uno de los artículos, me quedo con esta frase (traducción libre): «Bajar esta nueva tasa natural de desempleo requerirá reformas estructurales, como cambiar la educación para asegurarnos que la gente entre en el mercado de trabajo equipada con las habilidades por las que las empresas están dispuestas a pelearse, ajustar el sistema impositivo y modernizar el sistema de bienestar y de manera más general crear un clima que contribuya al espíritu empresarial y a la innovación»

Y quería pararme en la ultima parte, ¿cómo crear un espíritu empresarial? Personalmente, cada vez admiro más a los emprendedores. En esta sociedad nuestra subestimamos su valor y su importancia como creadores de empleo.  Ramon Tamames decía que si cada una de las 3,5 millones de PYMES creasen un solo puesto de trabajo, tendríamos resuelto el problema del paro. ¿Qué hacen nuestros gobernantes para facilitar la vida a estos empresarios?

¿Qué opina la sociedad civil de ellos? Los empresarios están muy ocupados con llegar a fin de mes y poder pagar las nóminas, como para centrarse en su reputación e imagen. Pero esta sociedad necesita héroes y no villanos, que es como desgraciadamente ven hoy muchos españoles a nuestros empresarios. Para ello hay que empezar un largo camino. Es necesario que los empresarios se tomen la RSC mucho más en serio, y que se empiece a idear un atrevido plan de comunicación que haga que los niños de hoy digan a sus padres «Papá, quiero ser empresario», en vez de «Papá, quiero ser funcionario».

Foto: Crack  By RivkahW

Si no nos representan, ¿quién lo hará?

Flutist and his dog

Si comparamos la juventud de hoy con la del inicio de la democracia veremos grandes diferencias. La de entonces estaba acostumbrada a la escasez, al sacrificio, a tener pocas libertades. La de hoy es la de la gratificación instantánea, la que sólo confía en sí misma, la que pensaba que lo iba a tener todo y lo iba a tener fácil.

El esfuerzo e ilusión de los jóvenes de la democracia de entonces se vio recompensado en un aumento de su riqueza y de sus libertades. Pero los jóvenes de hoy no tendrán tanta suerte. Si la recesión no acaba pronto, ¿qué salarios tendrán cuando les toque ser la locomotora del gasto? No habrán tenido las oportunidades laborales que sus mayores tuvieron y así, su experiencia, conocimientos y productividad será menor.  Después, el rápido aunque silencioso envejecimiento de nuestra población empeorará las cosas. Los jóvenes nos dirán que les dejamos una España sin futuro, y que no van a pagar nuestras pensiones.

La manifestación de hoy es una llamada de atención más a los culpables de la situación actual. No creo que sean todos los que dicen los manifestantes, aunque desde luego no son los jóvenes los responsables de la crisis.

Pero la sociedad civil debe también manifestarse en su interior. Ortega escribía que «una nación es una masa humana organizada, estructurada por una minoría de individuos selectos» y también que «en un país donde la masa es incapaz de humildad, entusiasmo y adoración a lo superior se dan todas las probabilidades para que los únicos escritores influyentes sean los más vulgares; es decir, los más fácilmente asimilables; es decir, los más rematadamente imbéciles». Si Ortega hubiese escrito España invertebrada hoy, pienso que a «escritores» habría añadido guionistas y directores de telebasura. Así que me pregunto si no habremos perdido la «humildad, entusiasmo y adoración a lo superior».

Indignarse con los políticos no es suficiente. Hay que indignarse con uno mismo. Hay que buscar a los selectos y hay que encumbrarlos a la política, a la escuela, a la empresa, a la cultura. España los tiene a raudales.

Foto: Flutist and his dog By wabisabifarm

¡No entre en una guerra de precios!

un guerro de siam

En el 2º Barómetro sobre la evolución de las redes comerciales en España, que hemos publicado recientemente en el IESE en colaboración con Barna Consulting Group, el 67,6% de las empresas encuestadas manifiesta que han aumentado las ofertas y descuentos en los últimos seis meses. Las empresas dicen que captan más, pero también que sus clientes duran menos, y así el balance final es a peor, a mucho peor.

En las crisis económicas el argumento del precio es muy tentador, pero la espiral negativa que se crea es tremendamente perjudicial. Por ejemplo, si su empresa tiene un margen bruto del 30% y hace un descuento del 5%, necesitará vender un 20% más para ganar la misma masa de margen. Es decir, necesitará que por cada punto porcentual de descuento en el precio, sus ventas aumenten el 4%. Sin embargo, la investigación en marketing muestra que en muy raras ocasiones las elasticidades al precio son superiores al 3%. Además, cuando haga descuentos, su competencia reaccionará y sus clientes se acostumbrarán a precios de referencia cada vez más bajos. Por tanto, las elasticidades irán a menos.

Es, de todos modos, muy fácil criticar las guerras de precios, pero muy difícil evitarlas cuando uno tiene que reaccionar a las ofertas de la competencia. ¿Qué hacer entonces? Puesto que coludir es ilegal, un sólo consejo: si en su industria no han aumentado mucho las ofertas, ¡no las inicie usted! Muy probablemente no le irá bien.

¿Hacemos caso a Seth Godin o a Churruca?

En estas épocas de crisis, muchas empresas han tenido que bajar a las trincheras. Es decir, reducir activos, despedir personal, y recortar gastos. Algunas han perecido en el intento. Otras han conseguido algo de oxígeno, y se preguntan: «¿Y ahora qué? Seguimos peor que en antes de la crisis, pero mejor que el año pasado. ¿Debemos continuar atrincherados? ¿Debemos salir fuera? ¿Debemos reinventarnos?»

Seth Godin, decía en su blog «en este momento, aun tienes algo de caja, algunos clientes, algo de momentum… En vez de meterte en una larga y lenta “espiral de la muerte”, haz algo distinto. Compra una nueva plataforma. Muévete. Encuentra nuevos productos para el cliente que aun confía en ti.»

Sin embargo, la batalla de Trafalgar, que tan brillantemente noveló Pérez-Galdós, nos da otra recomendación. En Octubre de 1805, la flota hispano-francesa, liderada por el almirante Villeneuve, salió del puerto a librar batalla contra Nelson con unas condiciones muy adversas. Villeneuve no era un líder respetado por el resto de almirantes, la tripulación era mayoritariamente no profesional y los barcos estaban en pésimas condiciones. El almirante Churruca sostenía que era mejor que los barcos ingleses soportasen solos el invierno en la mar, se debilitasen y más tarde se librase batalla. Pero Villeneuve, acusado anteriormente de cobarde, quiso demostrar su valentía en un ataque a la desesperada. El resultado ya lo conocemos.

Por tanto, ¿qué hacer si aun tienes poca caja y los mercados no acaban de despertar? ¿Hacemos caso a Seth Godin o a Churruca?

El vaso medio lleno o medio vacío. ¿Qué hacemos con esta crisis?

Pessimism vs. optimism (365/111)

La situación económica española es un poema. Pero de los tristes. Me duele sonar tan pesimista, sobre todo después de leer la semana pasada una interesante entrevista a una psicóloga que decía, textualmente: “El optimismo es contagioso, pero aún más el pesimismo. Los pesimistas además de vivir una media de ocho años menos, viven peor y hacen vivir fatal a los que tienen alrededor. Lo mejor es coger distancia.”

Por eso, muchos prefieren ver el vaso medio lleno. Y, la verdad, no se si el vaso está medio lleno o medio vacío, pero desde luego hay un sólo vaso y una familia numerosa está sorbiendo, cada uno con su pajita.

Llorar es una opción. Hacer las maletas es otra. Echar la culpa a los políticos y quedarnos cruzados de brazos es de cobardes. Pero brindemos por el optimismo, aunque sólo sea para ganar años de vida. ¿La solución? Llenemos el vaso. ¿Y cómo lo hacemos? Primero, la Administración Pública debe ser más transparente, debemos medirla con el mismo rasero con el que medimos a la empresa privada, como sostenía mi colega Antonio Argandoña en su blog. ¿Y qué debe hacer la empresa? Aquí van cuatro ideas, aunque espero las vuestras:

  1. Eliminar grasa, atrincherarse, si no lo has hecho ya. Aunque me temo que, con casi 5 millones de parados, hemos empezado a tocar hueso. Por tanto, pasemos al segundo punto.
  2. Salir fuera. Después de eliminar grasa, y si no puedes crecer en tu modelo de negocio actual, debes decidir si te reinventas o sales fuera. Aún queda muchísima PYME que puede salir. Latinoamérica es, sin duda, un mercado natural para España. Europa, ¿por qué no? China, grande, aunque difícil. Antes no salíamos porque aquí estábamos muy bien. Pero ahora muchas empresas tienen que salir o reinventarse.
  3. Competir en puntos de precio ultra bajos. Hoy hay menos clase media, tenemos nuevos pobres, y si queremos triunfar en los países en vías de desarrollo es muy probable que no podamos hacerlo con los productos que vendíamos a la gran clase media española de hace tres años. Hermann Simon, uno de los mayores expertos en el mundo de los precios, lo llama el “ultra-low-price segment”, puntos de precio hasta ahora desconocidos. Dos ejemplo: Tata Nano en la India y Primark en Europa. Mi recomendación: que si te tienes que reinventar no abras en Serrano. Mejor vete a Arroyomolinos, ¡pero no con la oferta que tenías en Serrano!
  4. Activismo social. Los ciudadanos estamos dormidos. Sí, es verdad que twitter está que quema con movimientos como el #nolesvotes, pero personalmente tengo mis dudas de que nuestra revolución sea tuiteada, como brillantemente exponía Malcom Gladwell en The New Yorker. La sociedad civil tiene que despertar, de manera pacífica, pero tiene que hacerlo. Los empresarios también tienen la obligación moral de elevar el nivel de presión a la clase política, que ha demostrado un elevado nivel de corrupción y de incapacidad en la gestión.

Y bien, ¿estáis de acuerdo o no? ¿Qué más pueden hacer las empresas?

Foto: Pessimism vs. Optimism By JenniPenni

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