La maldición del emprendedor. ¡No caigas en ella!

Cecil Beaton for Vogue

Desde que empezó la crisis, rara es la semana en la que no veo a uno o a dos antiguos alumnos que quieren montar un negocio. Esto me ha ayudado a entender mejor la llamada “maldición del emprendedor”.

Funciona así. Ya sea porque te quedas en paro, porque no te satisface tu carrera profesional, o porque te pica el gusanillo de emprender, alumbras una idea de negocio. Poco a poco, vas pensándola, comentándola con tu esposa/o, con tus amigos y antiguos colegas. Estudias otros negocios similares y vas dándole forma a tu próxima aventura. Y aquí viene la trampa… ¡te acabas enamorando de tu propia idea! Magnificas los puntos positivos y minimizas los negativos.  Tus amigos, tu cónyuge, tus ex-colegas, la mayoría te animan, aunque muchos quizá en lo escondido piensen que tienes una mala idea. Les pasa como a la madre que tiene un hijo cafre. Muchos lo piensan, menos ella.

Y llega el momento en que sales a vender tu idea. El cliente se expone por primera vez a la propuesta de valor, que tu como emprendedor entiendes del todo, pero quizá tu cliente no. Tu cliente tiene que dejar de utilizar otro producto o servicio para usar el tuyo, o simplemente tiene que aprender a hacer determinadas cosas de una nueva manera. Él magnifica los puntos negativos y quizá no entienda los positivos.

Admiro a los emprendedores. Sin emprendedores no tendríamos PYMEs, y sin PYMEs no generamos empleo. A veces las nuevas empresas fracasan porque les falta el crédito, otras veces por una mala ejecución, pero muchas porque la idea era mala, o mediocre.

No te enamores de tu idea. Genera muchas ideas, se tremendamente crítico con ellas, y rodéate de amigos con criterio, constructivos, pero muy exigentes.

Foto: Cecil Beaton for Vogue By Jessie Quast

%d bloggers like this: