La juventud en España: ¿sal y pimienta o mantequilla?

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La juventud representa el futuro de nuestra sociedad. En lo económico, los jóvenes de hoy serán la locomotora del gasto mañana. En lo social serán, cuando menos, los educadores de las próximas generaciones. Conviene, por tanto, analizarlos.

Hay dos temas sobre los que debemos reflexionar detenidamente: su situación laboral actual y sus valores adquiridos, pues ambos determinarán en gran medida su capacidad de impulsar nuestra sociedad.

En el plano laboral, la juventud es la principal víctima de la actual crisis económica. El índice de paro y de precariedad son altísimos, y así su emancipación no hace más que retrasarse. Pero es preciso que lo hagan pronto, pues cuando cumplan los 50 tendrán que pagar el doble de pensiones que pagaron sus padres. Es por ello que, cada año que pasa, veamos el futuro de los jóvenes más negro.

¿Y qué hay de sus valores? Me comentaba un amigo que la juventud, como los sindicatos, había sido la “sal y pimienta” de la sociedad, pero hoy se había transformado en la “mantequilla”. Por un lado, es cierto que ha adoptado valores muy importantes hasta ahora inexistentes en el “españolito” medio: la concienciación hacia el medioambiente, la igualdad entre hombre y mujer, o la preocupación por la inmigración. Muchos dicen (no tengo datos) que nunca hasta ahora los jóvenes se apuntaban a tantos ideales. Claro que apuntarse es fácil, sacrificarse por ellos es otra historia.

Y es que ésta no es sólo la juventud de las causas nobles. Es también la de las drogas, el botellón y la tele-basura. Aunque quizá lo más novedoso es su desconfianza e indiferencia hacia casi todos los que trabajan o dicen que trabajan por hacer un mundo mejor. El 83% de los jóvenes piensa que a los políticos “no les interesa la gente como yo” y el 84% que los políticos sólo buscan sus intereses personales. Quizá ese descontento es el que ha provocado su total desinterés por informarse: apenas leen la prensa política, ni en papel, ni en Internet.

Tampoco confían en otras instituciones: el congreso de los diputados, los sindicatos, la monarquía, el ejército, y la iglesia católica. Sólo las ONGs consiguen aprobar por los pelos.

Son tremendamente individualistas, y muy pocos pertenecen a ninguna asociación ya sea de voluntariado, política, cultural o religiosa. Desgraciadamente, el fútbol es una excepción. Pareciera que a los jóvenes no les gusta lo que ven a su alrededor, aunque ni se indignan ni proponen alternativas. ¿Será que son prácticos y entienden que no pueden cambiar las cosas? ¿O será que están tranquilos mientras tengan “pan y circo”?

Estos son los jóvenes que hemos formado. Esta es la España que les hemos dejado. ¿Serán sal y pimienta o, por el contrario, mantequilla?

Foto: Lobby, By tokioshi

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