Archivo para la categoría "Orientación al mercado"
¿Quién NO es mi cliente?
Uno de los casos que más me ha costado escribir es el “Shubert Organization: The Show Must Go On“. Nos costó tanto empezar a entender la industria, que mis coautores y yo tuvimos que entrevistar a un importante número de directivos y expertos en el sector del teatro en Broadway, además de torturar los datos de la Broadway League de todas las formas posibles.
El caso plantea muchas cuestiones, pero una de las más importantes y que surgió cuando empezamos es la de si se pueden crear nuevas audiencias. ¿Se puede conseguir que el segmento de 18-34 años vaya al teatro? ¿Y que vayan los hispanos? ¿Y los afro-americanos?
Cuando realizaba esta pregunta, unos respondían que no: «Si determinado segmento no va al teatro, existe alguna razón por la que no lo hace por lo que intentarlo es perder el tiempo y el dinero»
Pero otros, más optimistas decían que sí: «Disney está siendo demonizado por algunos (los que piensan que un musical de Mary Poppins no es teatro), pero está creando una nueva generación de clientes.» Y es que Disney ha conseguido traer a las familias a Broadway, y recientemente otros shows han conseguido llegar a determinadas minorías.
¿Tiramos demasiado pronto la toalla? Al menos hagámonos las siguientes preguntas:
- ¿Quién es mi cliente?
- ¿Por qué lo es?
- ¿Quién no es mi cliente pero me gustaría que lo fuera?
- ¿Por qué no lo es?
- ¿Cómo hago para que lo sea?
Si quieres reconvertir tu empresa, empieza por un buen diagnóstico
Me gustaría escribir una serie de posts sobre algunos temas que toqué hace cosa de dos años en una conferencia sobre reconversiones comerciales. En dicha conferencia empezaba hablando de las causas por las que se producen las recesiones en las empresas, de los tipos de recesiones, de los años que se tarda en llegar a los mismos niveles de EBITDA de antes de la crisis, y de las crisis psicológicas que se producen en los equipos directivos que no saben “coger el toro por los cuernos”. Pero debido al límite de espacio, iré directamente a lo más práctico: las fases necesarias para una reconversión comercial.
Según los entendidos, las fases son:
- Cambios en la cúpula directiva
- Diagnóstico
- Atrincheramiento
- Estabilización
- Vuelta al crecimiento
La primera fase, la más desagradable. No siempre ocurre, especialmente en empresas familiares. Pero sí en muchas otras, como las que cotizan en bolsa. A veces no es justo, otras sí, pero los mercados entienden poco de justicia y mucho de señales.
La segunda, la menos practicada… y de la que quiero hablar hoy y en otras entradas futuras. En mi experiencia, las empresas a las que les empieza a ir mal tienen mucha prisa por ponerse a cambiar cosas, pero dedican muy poco tiempo y recursos a realizar un buen diagnóstico comercial de su situación.
¿Cómo hacer un buen diagnóstico? Los médicos lo tienen claro. Para ellos el diagnóstico es crítico, y siempre siguen estos cuatro pasos:
- Observar los síntomas (que son los efectos no deseados)
- Diagnosticar la enfermedad (que es la causa no deseada)
- Prognosis de la cura (el efecto deseado)
- Prescribir el tratamiento (la causa deseada)
Por tanto, en negocios hablaríamos de:
- El problema (que son los efectos no deseados)
- La causa del problema (que es la causa no deseada)
- La solución (el efecto deseado)
- La causa de la solución o plan de acción (la causa deseada)
Y un ejemplo: Starbucks en 2002. En 2002, Starbucks vió descender por primera vez la satisfacción de sus clientes (el problema/síntoma). Pero, ¿cuál era el diagnóstico de esa enfermedad? En términos de negocio, ¿Cuál era la causa del problema? Por aquel entonces, Starbucks pensaba que era la lentitud en el servicio… pero otros pensaban que había crecido demasiado y había “comoditizado” su marca. Si la causa del problema era la primera, bastaba con aumentar personal o invertir en máquinas de café más rápidas. Pero si era la segunda… ¡Ay! Aquí el plan de acción se complica significativamente. Starbucks no hizo un buen diagnóstico… y le pasó factura.
Y bien, ¿cuáles son vuestras experiencias cuando os habéis enfrentado a un diagnóstico?
Foto: Stethoscope, by a.drian
El señor de los platillos
La semana pasada tuve la suerte de escuchar la novena sinfonía de Mahler, interpretada por la Boston Symphony Orchestra. Dado que mis conocimientos en música clásica son más bien limitados, le comenté socarronamente a mi esposa la “cara” que tenía el de los platillos. Y es que, en toda la obra, no creo que tenga que levantarse más de cuatro veces. ¡Menudo chollo de trabajo! Aunque un poco aburrido, eso sí.
Sin embargo, la realidad es que los platillos ejercen un impresionante efecto sobre la audiencia. De repente, cuando uno menos lo espera, el señor de los platillos se levanta y estrella uno contra el otro con tal fuerza que los sentidos se olvidan de violines, trompetas y clarinetes. El espectador fija la mirada en nuestro protagonista, mientras aquel sonido, que no es feo ni bonito, le penetra hasta lo más hondo.
Y en mi ignorancia, pensé que debía de haber alguna razón muy profunda por la que un gran compositor como Mahler hubiese querido disponer de este instrumento. Y me preguntaba si en las empresas no deberíamos también tener a un “señor de los platillos”. Alguien que nos despierte, con un sonido estridente si hace falta, cuando nos desviamos de nuestra misión, nos dormimos o nos acostumbramos a lo que hacemos.
Y bien, ¿cómo y cuándo hacer sonar los platillos?
Foto: platillos, By icorresa











